Nicolás Spinosa



Se  dedica  a  la  actividad  plástica  desde temprana edad. En  1992  comienza  sus estudios  en  la E.N.B.A  P. Pueyrredón de  Buenos Aires, obteniendo el grado  de  Profesor de  Pintura en  1996. En 1998  se traslada a España para  realizar estudios de doctorado, donde obtiene la suficiencia investigadora en  2000  en  la Facultat de  Belles Arts de  la Universitat de  Barcelona. Además de su formación académica complementó su carrera realizando diversos postgrados y estudios de fotografía,  filosofía,  humanidades,  psicoanálisis  y cultura  visual.  Actualmente  vive  y desarrolla su trabajo entre  Europa y Sudamérica.

Mi propuesta visual intenta investigar e interpelar las formas de  visibilizar, representar y producir en relación a lo imposible.  En lo personal hablar de lo imposible no es una metáfora ni dialogismo teórico sino que  se trata de un acto encarnado que  asume que  todo  aquello que ES se encuentra fuera  del  orden del  lenguaje y que como tal no tiene palabra que  lo designe.

Me interesa más el acto que el artefacto  en sí. Los objetos son solo un resultante, una huella, lo visible de lo invisible. Trabajo a través de procesos performáticos, vivenciales y experienciales. Si bien  parte de mi trabajo es autorreferencial también  se abre,  no  ya  a una  universalidad,  sino  más bien  a una  otredad que  re-fleja  y trasciende  la  propia  auto- referencia. Se trata de no pensar en lo que  somos, sino más bien sobre como  hemos devenido en esto que  somos.

Trabajo a partir de acciones performáticas que  se materializan en artefactos visuales producidos con mi cuerpo.  Éstos suelen  ser  impresiones  de  mi  cuerpo  sobre  diversos  soportes,  autorretratos  fotográficos,  intervención  de  imágenes  a través de diversos medios, objetos producidos con mi propia materia orgánica, etc. El acto performático de trabajar con y desde mi cuerpo  tiene que  ver con  una  decisión vital,  ética y política que  intenta hacer  un desplazamiento de  las categorías de “acto creativo” a  producción entendida como  fuerza de trabajo corporizada, de “racional” a encarnado y de  “estetización de  la realidad” a política de  la realidad. Retomando el   planteamiento de  los movimientos sociales que comenzaron a surgir en la década del 60 cuestionando el establishment político, social y cultural  se trataría de poner de manifiesto que lo personal es político y a través de ello proponer  un proceso de producción como  un acto localizado, encarnado y corporeizado que,  instalándose en lo Real, de cuenta de las infinitas y diversas realidades que  transitamos otorgándole cuerpo  a aquello que  se escapa del lenguaje y que  solo en la carne  se deja ver.



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